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Alimentos Funcionales: Son Beneficiosos?

Los alimentos funcionales son beneficiosos?Según el concepto tradicional de nutrición, la principal función de la dieta es aportar los nutrientes necesarios para el buen funcionamiento del organismo. Este concepto de “nutrición adecuada” está siendo sustituido por el de “nutrición óptima”, que contempla la posibilidad de que algunos alimentos mejoren la salud de la población y reduzcan el riesgo de desarrollar determinadas enfermedades.
Con los alimentos funcionales se ha introducido la consideración de que algunos alimentos pueden ejercer un papel beneficioso adicional al suyo propio como suministradores de energía y nutrientes.
Muchas enfermedades crónicas están relacionadas directamente con la nutrición y muchas podrían prevenirse con una dieta adecuada; las enfermedades cardiovasculares son un buen ejemplo de esta interacción entre la dieta y la salud.

De hecho, la Unión Europea ha preparado un Reglamento que obliga a partir del 1 de julio de 2007 a los fabricantes de este tipo de alimentos a demostrar, científicamente, que hacen lo que prometen en sus mensajes publicitarios.
Desde un punto de vista médico, manejar conceptos científicos aplicables a este tipo de alimentos es de vital importancia, máxime cuando la mayoría de las consultas de los pacientes están relacionadas con aspectos nutricionales.

Encuestas realizadas demostraron que menos de la mitad sabían distinguir entre términos como prebiótico, probiótico, ecológico, natural o transgénico. Y a esta ignorancia conceptual tampoco escapan muchos médicos. Por ejemplo, durante la formación en Atención Primaria no se imparten conocimientos sobre nutrición cuando el 80 % de pacientes que acuden a consulta realiza alguna pregunta relacionada con este tema.

Al menos en teoría, todas las personas que lleven una dieta equilibrada con aporte adecuado de nutrientes no necesitan tomar ningún suplemento adicional. Si esto fuera cierto, los alimentos funcionales quedarían reservados para personas con algún factor de riesgo. Pero la realidad social muestra que, en realidad, gran parte de la población se nutre de manera deficiente y tal vez por las prisas y el trabajo se le dedica muy poco tiempo a un aspecto tan importante como es comer bien.

¿Qué es o qué alimento debe ser considerado funcional? Existen bastantes definiciones, pero, en general, se acepta que puede considerarse como tal a todo alimento que, además de su valor nutritivo, aporta algún efecto añadido y beneficioso para la salud que va más allá de la estricta nutrición y que puede ser preventivo o terapéutico. Los expertos defienden que para ser “funcional“, un alimento debe de haber demostrado fehacientemente un efecto de disminución del riesgo de padecer una patología o actuar de forma terapéutica sobre cierta enfermedad, pero no todos lo cumplen. Y no lo cumplen porque para procurar lo que prometen habría que consumir la cantidad equivalente a un camión de ese alimento cada día.

Otro aspecto controvertido ligado al posible efecto terapéutico de estos alimentos, es conocer sus riesgos en caso de “sobredosis“. De hecho, ya hay asociaciones de consumidores que piden que estos productos adjunten un folleto con posibles contraindicaciones, similar al prospecto que acompaña a los medicamentos. Y la verdad es que si tienen cualidades terapéuticas, convendría saber qué composición tienen y en qué cantidades se pueden tomar, para evitar posibles efectos secundarios o la aparición de alergias hasta ahora desconocidas.

En todo caso, los especialistas consideran que el lugar donde se va a desarrollar el futuro de la alimentación funcional es, sobre todo, en la mejora de la salud a través de la prevención de ciertas enfermedades o factores de riesgo como el colesterol o la hipertensión arterial y cuya meta sería conseguir alimentos precisos para patologías concretas. De hecho, ya hay productos posicionados claramente como reductores de los niveles de colesterol, por ejemplo.

Leches enriquecidas, yogures, pan de molde, galletas con ciertos aceites, etc.… conforman una amalgama de nuevos conceptos que necesitaban una aclaración y puesta al día urgente. Porque, como cuando surge una nueva terapia médica, aquí también es preciso que las casas comerciales demuestren que son ciertas las cualidades que publicitan en sus alimentos, ya sea la protección del sistema inmune o la ayuda a regular los niveles de colesterol, y parece que Europa se lo ha tomado en serio y está por la labor de controlarlo, como recoge el Reglamento (CE) 1924/2006 relativo a las declaraciones nutricionales y de propiedades saludables en los alimentos.

Sin embargo hoy, a pesar de las campañas informativas y las acciones puestas en marcha por instituciones de salud pública, aún existen numerosas propuestas sin base científica que, con publicidad engañosa, confunden y desinforman a los consumidores.
La ausencia de filtros y controles sobre sus contenidos hacen que campen a sus anchas los timadores de todo tipo, incluidos los que ofertan alimentos milagrosos, o dietas que pueden poner en riesgo la salud de quienes las sigan.

La pregunta que uno puede hacerse es si con la llegada de estos nuevos productos, no estará en peligro la alimentación tradicional. Y la respuesta es no. Y es no porque muchos de los productos que consumimos diariamente son funcionales o contienen nutracéuticos de forma natural.

Este sería el caso del aceite de oliva, los tomates o el pescado azul con alto contenido en ácidos grasos omega 3. (Luego en otro artículo voy a detallar los alimentos funcionales que podemos incorporar naturalmente en la alimentación). Por eso los expertos auguran que el desarrollo de estas técnicas no supondrá la desaparición de la alimentación tradicional tal y como la conocemos hoy, aunque lo probable es que dentro de diez años el número de alimentos funcionales se haya duplicado.

 

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